Y no lo digo sólo porque El Capricho, que es del que voy a hablaros, esté a las afueras, sino además porque en lo que de extra-vagante tiene, incita a un tránsito que se va haciendo gradual y paralelamente misterioso, y por misterioso, tan pintoresco e interesante como atractivo y apasionado. Más aún, y como dirían en el siglo XVIII por “rizar el rizo”, El Capricho es un jardín de desvergonzado y agradable asombro por su  “infinita variedad”. Pero vayamos antes por el centro: ¡La cabra tira al monte!. Y por cierto, que lo viene haciendo desde tiempo inmemorial. Tanto es así, que de ello, mirad por dónde, vinieron a acordarse los Duques de Osuna al proyectar a su antojo, o más bien al de la duquesa, éste sorprendente jardín situado al noreste de Madrid en 1787, en  la llamada entonces Villa de Alameda . En su implante participaron sobretodo jardineros franceses, en especial  J.B. Mulot, que traía bajo el brazo la experiencia del Petit Trianon de Versalles;  pero también pintores y escenógrafos italianos como Tadey, y arquitectos a secas, entre los que destaca el paso efímero de Villanueva.

Proyectar un Jardín de Capricho, o dicho al revés y por enredarlo un poco más, meter “cabras en un jardín”, no debía tener otra intención que la del despliegue de los deseos; o  al menos, eso sí,  su puesta en marcha dentro de un laberinto de placeres y sensualidades que difícilmente pudiesen pasar desapercibidos a cualquier ojo, a cualquier mano, y cumplir entonces, muy al contrario y siempre por sorpresa, los anhelos que cada cual  habría tenido por antojo, aprovechando  los que ya estaban por ahí desperdigados y escondidos templete de bacoen este trozo de naturaleza. Y así, el templete de Baco al que adorar en torno, sentados y por parejas, rindiendo culto a la escultura del dios que en principio sólo se toca con la mirada ; o paladear los conciertos para violoncello de Boccherini en el Casino de Baile; asistir a  obras de teatro en las faldas de cualquier ladera; ruinas y  un fortín que no defiende nada; tiovivos, incluso, o un lago con embarcadero y hasta un abejero donde observar cómo “las laboriosas” fabrican una miel que endulza, pero que no empalaga lo suficiente para aquellos que, como los duque de Osuna, participan con total satisfacción de tales espectáculos de lo visible. 

 Aunque eso sí, para “en-capricharse” bastaría recorrer con la mirada en la mano las líneas sinuosas que dibujan el jardín y que nos conducen a la caza del capricho. Así que, digo yo, que más le valía al artista del XVIII ser original, o al menos serlo tanto como lo fuera una cabra,  y de ahí que al pintor de lo nuevo, o sea de lo raro, se le comenzase a llamar pintor de caprichos.  Y es que, precisamente, habiéndose hecho pasar por “capra” (lat.) acabó pervirtiendo los caminos a su antojo, a su “capr-icho”, logrando hacer de los suyos, excéntricos deambulatorios. En este sentido, a diferencia de las ovejas o del cordero, como es el caso del cordero místico, de sobra conocido por todos y más aún por quienes lo hayan seguido en fila y en orden, la cabra, muy a su gusto y de suerte que no la fueran a confundir con un borrego por seguir al manso, se sale del camino para trepar por donde puede: ¡a la deriva!. De lo contrario, no vería rojo allí donde , por lo visto el resto, ve azul. ¿Ridículo? Tal vez. Pintoresco, seguro. ¿Absurdo? Alguien podría pensarlo del ermitaño que los duques de Osuna tenían en, y a su Capricho: fray Arsenio, una cabra en el jardín, cuyo recuerdo, el cenotafio erigido en forma de pirámide junto a la ermita que rcaprichoegentaba,  hace elocuentes sus meditaciones observadas por los “amigos del palcer” de la villa de Alameda.

Pero para mí que de lo que en realidad consistía El Capricho era simplemente de encapricharse. Y hacerlo, además, viendo y tocando a un tiempo aquello en lo que entonces consistía la Belleza:  líneas onduladas y serpenteantes, simulacros, al fin y al cabo, de caminos de “cabras” que por estar a su capricho en El Capricho, o sea, por todas partes, no llegaban, sin embargo, a ninguna; lo cual tampoco es algo que nos importe demasiado, y sí, en cambio, el hecho de que se enreden unos con otros con la misma facilidad con la que lo hacen los hilos de lana en su cesta de mimbre … Y es que al igual que para la mano que se “extra-vía” en la cesta, la ocupación para las cabras que lo hagan en el Capricho no será otra que el placer mismo; y para éste a su vez, el de la complejidad de la mera búsqueda,  la curiosidad en sí, que se intensifica enredándose en los felices y graciosos reveses que las sorpresas arquitectónicas  incitan en cada encuentro.

 La experiencia sensual se proyecta y encarna en la razón y la naturaleza de estos caprichos como ocurre con el laberinto: aprovechad un despiste para recorrerlo y no encontrar la salida de esos caminos de la intimidad, a menudo lentos e irresolutos y que,  al principio, amplifican agradablemente el estar, por lo envolvente de  sus muros vegetales y frescos olores; una ligera aventura que puede convertirse inevitablemente en un intrincado problema de sensualidades sin límite. Caminos, en definitiva, siempre sinuosos y con más gozo cada vez que las interrupciones pintorescas convocan al juego  de su recorrido, hasta transformar lo que en apariencia es nada más- y nada menos- que un  país de alegorías y de adivinanzas, en un jardín excéntrico de piedras y yesos.

 Antonio Navas.

Paseo de la Alameda de Osuna.
Entrada principal por la puerta de la Plaza de El Capricho.
Tel.: 91 558 87 90 (Servicio Municipal de Parques y Jardines)

: 101, 114, 115
: El Capricho, Línea 5

Horarios
Verano: Sábados, Domingos y festivos: 9:00 a 21:00.
Invierno: Sábados, Domingos y festivos: 9:00 a 18:30


Todos hemos tenido una iluminación, la bombilla que se enciende, en medio de un sueño, por la noche, de camino al trabajo. De golpe nos vienen a la mente cientos, miles de idea, en un torbellino, una frase ¿Y si hiciese…? ¿Existirá ya un…? Pues sí, señores, la mayor parte de las veces existe, ese objeto que creemos que cambiará el mundo, como lo hizo hace ya millones de años la rueda, ya se le ha ocurrido a otro lumbreras, un calientatazas con USB, un neceser nevera, un exprimidor de pasta dental. Sí, existen. Pero no se crean, estos artículos no están acumulando polvo en la estantería de la casa de cualquier inventor chiflado, de barba blanca y gafas de culo de botella, ni mucho menos, dejemos clichés aparte. En pleno corazón de Carabanchel podemos encontrar “La Tienda de Albert”, centro neurálgico del buen frikismo y el saber hacer, esta tienda, abierta por Miguel A. Viñas, atrae a inventores de toda España, dispuestos a sacar al mercado ese objeto que cambiará el rumbo de la civilización, bueno, o por lo menos hará la vida fácil a más de una ama de casa, que es por lo visto el colectivo que más se pasea por el local.

Oasis sin duda para los amantes de los aparatos raros, para todo aquel que entre en éxtasis solo con la idea de pasar la tarde en una tienda de chinos a la caza del tesoro, rebuscando entre objetos kitsch los mejores chollos. Para toda esta colectividad que busca y rebusca siguiendo la moda impuesta por los surrealistas el objeto más inusual, y para todos aquellos que se pasen la vida acosando a sus amigos y familiares para demostrarles las bondades de los productos que sus mentes, y sus manos, han sido capaces de construir, este es sin duda el lugar perfecto, un chollo, un chollo repleto de chollos, donde encontrar desde los ShoesRain, unas botas de agua para usar y tirar, hasta a tu madre o a tu nuevo compañero de piso comprando el Palo Luchy,  que nos permite llenar el cubo de agua desde el suelo y por medio de el mismo palo de la fregona, evitándonos cargar con el cubo lleno de agua por toda la casa.  Aquí se puede encontrar casi de todo y a muy buen precio, muchos artículos cuestan dos euros, rondando el más caro los 40 euros.

Para aquellos que no tengan tiempo para pasarse una tarde a pulular por la Tienda de Albert, disponen también de una página web, a través de la cual se pueden comprar todos los productos, y pasar, además, un buen rato.

 

 

Su horario es de 10.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00. Los sábados, de 10.00 a 14.00.

Calle Oca, nº 78. Estación de metro Vista Alegre, Salida Calle Pinzón

http://www.latiendadealbert.com/index.php

Leticia Fdez-Fontecha


Top Manta

06Jul09

Realícese una exposición artística usando el formato del Top Manta. Cada manta funcionaríauna sala aparte. En su conjunto se pueden desarrollar infinitud de argumentos. Preferiblemente instalar en una zona de galerías.


Cruising

06Jul09

Sin el código no se ve, por ello no existe. El cruising es una realidad que flota sobre nosotros, que puede envolver a cualquier hombre, y sin embargo pasar desapercibida. Hombres, cuántos hombres habremos notado un algo, impreciso pero contundente, en cualquier baño, a cualquier hora del dia, para que minutos después esa misma imprecisión nos hiciera olvidar la sensación.

Cruising (William Friedkin, 1980)

Un asesino en serie, se dedica a matar a todos sus compañeros de juegos sexuales sadomasoquistas en la ciudad de Nueva York. El policía Steve Burns (Al Pacino) es el encargado de infiltrarse en el sórdido ambiente leather homosexual neoyorquino y aprender los “códigos de conducta” que rigen este tipo de garitos, para intentar descubrir al responsable de los asesinatos. Durante la investigación se alejará de su novia, influido por este nuevo mundo.

Con esta película, parte del público estadounidense conoció el significado de la palabra cruising; sin embargo, desde los últimos 70, ya venía usándose dentro del argot homosexual como código para poder identificar a otro homosexual de manera segura y discreta (de hecho, la palabra en origen significa surcar, patrullar). Hoy en día, es una palabra popular y desconocida sin embargo para la gran mayoría de los heterosexuales, que describe la actividad de buscar sexo esporádico con otros hombres en el marco del espacio público.

Hasta ahí llega una determinación objetiva del cruising. Adoptando una posición representativa, desde la distancia, puede parecer algo repugnante, inmoral, un asunto esclavo de los juicios de valor. Sin embargo, el cruising posee otras lecturas, que si bien pueden verse sin practicarlo hasta sus últimas consecuencias, sólo son apreciables realizando cierto acercamiento.

La primera vez que me ví dentro de los baños de cierto centro comercial siendo consciente de lo que allí en realidad sucedía, sentí verdadera aversión. No sólo por los hombres, que me atraían en si muy poco, sino por el sórdido mecanismo que hacía funcionar la sala. Una mirada, un tocamiento en la poya, y las puertas se abrían y cerraban, sin dejar de oírse aquellos ruidos raros.

No sé cual fue, seguramente no sería ni la segunda ni la tercera vez, pero hubo una ocasión en la que entré con otros ojos, y no ví lo mismo. Me dejé seducir desde las escaleras del piso inferior. No sé que sentido activé, pero podía mirar a cualquier hombre que anduviese en cualquier dirección y saber si quería o no follarme. Era, es, como mirar bien, emitir una señal bien y recibirla de la misma manera. Sentí una liberación extraña cuando devolví la mirada a cierto transeúnte y desde la distancia me hizo algo lascivo con los labios. El hecho de que me la fuera o no me la fuera a comer minutos después es lo de menos. La intensa sensación que me recorría el cuerpo era mirar sin miedo, dejando claro que soy de carne. Siempre he dicho que este mundo sería un sitio mejor si todo el mundo fuera sincero, y existe una brutal sinceridad en el cruising que me aliena. No es sincera por el hecho de que implique compromiso o sentimiento, un padre de familia puede entregarse a cualquier jovencito mono cuando durante el descanso de la oficina, para dejar de considerarle persona en el momento de subirse la bragueta. Me parece sinceridad porque es desnuda, instantánea. En el momento que dos miradas se encuentran y se siguen los implicados se pasan por el forro al menos cien normas sociales, otras cuarenta médicas y una veinte de las del catecismo. Anulas la vergüenza, las apariencias, el miedo y la responsabilidad de ser decente, para dar rienda suelta a tu instinto. Si consigues pasar de verdad, creo que la liberación es infinita. Aunque la polla sepa mal.

Edu Camarena




Entre los miles objetos antiguos, se pueden encontrar desde juguetes de lata y muñecas del siglo XIX, y de los años 20 o de la posguerra; pasando por trenes eléctricos de los años 60 y los personajes que marcaron una época como Mazinger Z, Superman,… hasta los últimos muñecos de ‘Star Wars’. Cada primer sábado de mes, de 10:30 a 15.30 horas (excepto el mes de agosto) Mercado Puerta de Toledo Metro Puerta de Toledo (L5)